El joven Gulliver
 Tal vez algunos hayáis oído hablar de Los viajes de Gulliver, pero pocos sabréis que también su hijo vivió una gran aventura. Ésta es su historia, que empieza cuando escapa de casa para embarcarse hacia Oriente, precisamente deseando encontrar a su padre el capitán Gulliver y conocer por sí mismo esos lugares fantásticos en los que hay rebaños de ovejas liliputienses, de lana finísima, vacas gigantescas que podían alimentar a un ejército y sedas de araña increíblemente resistentes, más fuertes que las sogas de los barcos…
El cráneo de Goya
 André Ducatel despierta de una pesadilla claustrofóbica tras una juerga etílica en París con su amigo de juventud el comisario Dumolard, heredero de los métodos poco ortodoxos y el talante de su antecesor, el gran Vidocq. André es oficial en excedencia de la Guardia Nacional desde que participara en la Comuna de París, y disfruta del puesto de director del cementerio de La Chartreuse, en Burdeos, entre cuyos ilustres huesos se encuentran los del genial pintor aragonés Francisco de Goya. Hace diez años que no visita París y recuerda su vida pasada en la capital, su juventud bohemia y fracasada, y los sangrientos episodios de la Comuna, en los que tuvo una actuación decisiva. De regreso a Burdeos, al ambiente crepuscular y provinciano, André vivirá un drama sentimental desencadenado por su esposa Berthe, una ociosa burguesa admiradora de Madame Bovary, que se enamora del cónsul español Pereyra, personaje de perfil romántico empeñado en devolver los restos de Goya a su patria. Pero esta traición nos va pareciendo cada vez más una venganza, no tanto de sus protagonistas reales, sino tal vez perpetrada por fantasmas que vienen a pedir cuentas desde el pasado. La habilidad narrativa de Vicente Muñoz Puelles, cuyo oficio le permite jugar con personajes, sentimientos y situaciones con la soltura del jugador consumado de ajedrez, es capaz de compaginar un relato romántico de ambientación histórica con una intriga policial y psicológica, en la que la traición y su expiación sirven de hilo que teje el destino fatal de su protagonista.
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El último deseo del jíbaro y otras fantasmagorías
 ¡Pasen, señoras y señores, y admiren este espectáculo! El interminable esqueleto de O’Brien, el gigante irlandés; las momias de Julia Pastrana, la mujer barbuda, y su hijo recién nacido; los lechos hundidos de los gigantes Annie Swan y el capitán Bates, reliquias de sus proezas amatorias; el príncipe Randian, habilidoso hombre oruga; las hermanas Hilton, saxofonistas unidas por las nalgas; Francesco Lentini, el hombre de las tres piernas... Pero entre estos relatos perdurables hay más, mucho más. Un padre que educa a su hijo bajo la advocación de la cabeza reducida de un jíbaro; un bibliotecario que alimenta a su gato con las cenizas de Dante; un rey persa que se esfuerza por escapar de un cuadro, antes de que lo atrapen sus enemigos; una sombra que mengua continuamente y otra que crece sin cesar; Mark Twain, que pretende escribir un artículo desde el más allá; un pigmeo de dientes de sierra que es exhibido en el zoo del Bronx; dos amantes unidos hasta la muerte por su afición a la basura; el fatal secreto de la invisibilidad. Se tiende a separar la ficción de la no ficción. En una apreciamos la originalidad y el poder de invención; de la otra esperamos la veracidad, el rigor objetivo. Estas limitaciones no se aplican a Vicente Muñoz Puelles, como tampoco se aplicaban a De Quincey. Los relatos englobados en El último deseo del jíbaro y otras fantasmagorías cuentan muchas historias reales, vidas absurdas, increíbles o patéticas entre las que abundan las de populares monstruos de feria, “freaks”, del pasaso reciente, historias que el autor ha transfigurado y hecho suyas, y que nos encandilan como lo que son: fragmentos de un artífice altamente imaginativo, que recupera la tradición de Marcel Schwob, Jorge Luis Borges, Álvaro Cunqueiro y Juan Perucho.
2083
 Estamos en el año 2083. A pesar del cambio climático, la erosión de la cubierta vegetal, la sequía y el avance imparable de los desiertos, la vida en el Hemisferio Norte no ha cambiado demasiado. David, huérfano de madre, cumple con sus estudios en la teleclase y su padre trabaja en una agencia de viajes que garantiza visitar el interior de los libros, ya que éstos han desaparecido como objetos de papel, pero se conservan en la web. Los viajes virtuales a esas historias literarias del pasado nunca habían interesado al joven, hasta que aquel verano... Apasionante historia de un futuro tal vez no tan lejano como pensamos, una aventura trepidante que espera ser leída.
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